30 junio 2009
10 junio 2009
Colocón en las alcantarillas
Acabo de despedirme de mi amiga Eugenia, que se marcha mañana a vivir a una isla lluviosa y que, a partir de ahora y al menos durante el próximo año, ha hecho voto de no acumular más cosas de las que puedan caber en una maleta. Lo último que le queda por hacer antes de entregar mañana las llaves de su apartamento a la casera es tirar por el desagüe del fregadero varios litros de whisky, coñac, ginebra, vodka y otros restos espirituosos de alta graduación.Así que, si vives en las inmediaciones de General Yagüe y esta noche escuchas rumores de parranda y cánticos que provienen de lo más bajo, son las ratas de las alcantarillas, que agradecidas le dedican a mi amiga el "Asturias, patria querida".
(la ilustración es de José Luis Illora, un dibujante que tiene un blog aquí y unos dibujos muy chulos.)
Etiquetas: amigos, anécdotas, humor, ilustradores
19 mayo 2009
Hasta siempre, Benedetti
A la izquierda del robleNo sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.
El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.
Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.
Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.
Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.
Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.
Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.
Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.
El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para crecer desesperadamente.
Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.
Ustedes pueden irse. Yo me quedo.
Etiquetas: Benedetti, escritores, poesía
19 abril 2009
Aparcar sin complejos


La autora de estas fotos(*) es Eli, la estupenda amiga y enorme fotógrafa que contribuye de tanto en tanto a este blog con inolvidables imágenes como la famosa "Pezoncillos amarillos".
(*) Aprovecho para anunciar que tenemos en proyecto un blog al alimón sobre el tema fotos absurdas que va a ser lo más. Una colección que aguarda oculta en nuestros discos duros a ser revelada ante vuestros ojos impacientes y atónitos. Y como aguarda ya desde hace bastante, por favor apoyad el lanzamiento del blog enviando emails con el texto: "No igual que la fiesta de Abba" a la dirección eliyatevale@yatitambien.com
17 abril 2009
Tiempo de cavar
Mi madre tiene 76 diciembres, unos ojos grises pequeñitos y la cara surcada por cientos de arrugas. Hace unos 3 años en la India un dentista le sacó todos los dientes y le puso una dentadura postiza de esas que se pegan con Corega, que se quitó inmediatamente porque le parecía más digno estar desdentada que llevar aquel artilugio bailoteante en la boca.
Lo que la gente no sabe cuando la ve es que mi madre ha tomado la firme determinación de vivir 144 años, y que por tanto está en la flor de la vida. Y aunque algo intuyen, es imposible que acierten a calcular que tiene una potencia capaz de alimentar un reactor nuclear. Y unos músculos de hierro.
Así fue cómo esta Semana Santa, Arcadio se cayó con todo el equipo.
Arcadio es el señor que me ayuda a cuidar mi campito, un agricultor profesional y vocacional que debe de rondar los 45 y que, desde que la conoció este otoño, adora a esa viejecita madrileña tan amable, respetable y sonriente que sabe tanto de agricultura. En cuanto sabe que estamos allí viene corriendo a vernos, a charlar y a veces a trabajar unas horas mientras ella le ilustra sobre las bondades del purín de ortigas.
Estamos a comienzos de la primavera y, con toda una semana por delante para trabajar en el campo, mi madre estaba feliz. Había mucho que hacer: cavar los alcorques alrededor de los árboles, sembrar dentro fresas y ajos para evitar las plagas, germinar semillas, arreglar el estanque, trasplantar los arbolitos que han crecido por todas partes desde el año pasado... En el colmo de la dicha, yo encontré un vivero en liquidación y por una cantidad ridícula me hice con árboles y plantas como para repoblar Los Monegros. La actividad en el campito era frenética, pero yo para eso de cavar no soy competitiva y le cedo de buen grado a ella el puesto de vencedora. Se que por más que lo intentase no tendría ninguna posibilidad.
Arcadio, que había venido el primer día a saludar y pasar un rato de charleta, me llamó: -Si quieres me paso mañana a preparar el huerto, -me dijo. Como siempre, llegó temprano y se puso a trabajar. Hacia las 10 de la mañana mi madre se levantó, se desayunó el último grito en mejunjes de herbolario y salió de la casita con una sonrisa: - Buenos días, Arcadio. Y agarró la azada.
Diez horas más tarde seguía acarreando sacos de tierra desde el otro extremo del bancal para llenar un parterre que había construido utilizando troncos y piedras a modo de paredes. Aquel día Arcadio se marchó más tarde que nunca. De nada sirvió que yo insistiera en que se fuese. ¿Cómo iba a rendirse él antes que aquella señora? Al anochecer cedió y desapareció en su furgoneta mientras ella, emocionadísima, me insistía en que fuésemos a buscar más piedras a un canchal que hay en el monte de enfrente. Me negué, claro. Gracias a Dios no se veía ya nada.
Al día siguiente, antes de volver a Madrid, llamé a Arcadio para despedirme. Tengo que decir que tiene una tendencia alarmante a la dipsomanía, y en ese momento llevaba encima una cogorza considerable - Ayer me deslomé, Paula -balbuceó, y ya no conseguí entenderle nada más.
Pero él es un tipo estupendo, noble en la derrota. Sé que anda en plena campaña de recogida del níspero, el momento más importante del año para los agricultores de la zona, pero va de vez en cuando a regar el famoso parterre, para que ella encuentre las flores cuando regrese.
Etiquetas: agricultura, anécdotas, familia, humor

